La recepción no da abasto, y el canal fácil es el que no se puede usar
En un consultorio privado casi todo el volumen de mensajes es lo mismo repetido: a qué hora es mi cita, puedo cambiarla, dónde están, aceptan mi seguro, tengo que ir en ayunas. Nada de eso necesita a nadie con formación clínica, y sin embargo se come el día de la persona de recepción, que además está atendiendo a quien tiene delante en el mostrador.
La tentación es obvia: pasar todo eso a WhatsApp, que es donde el paciente ya está. Y ahí es donde casi todos los proveedores del sector se ponen de perfil, porque la respuesta honesta les complica la venta.
La respuesta honesta es esta: WhatsApp no es un canal apto para información de salud, y no porque le falte cifrado. Meta no firma un acuerdo de socio comercial para WhatsApp, que es el documento sin el cual, en Estados Unidos, un consultorio no puede pasarle información de salud protegida a un proveedor. Y la propia política de mensajería de WhatsApp Business lo dice con todas las letras.
Lo que sí se puede hacer —y es lo que hacemos— es diseñar el asistente para que la información clínica no entre nunca al canal. Un paciente puede confirmar que viene el jueves a las diez sin que en ningún momento se escriba de qué es la cita.